Hoy he encontrado esta etiqueta que hice hace tiempo cuando me enfrenté a uno de los retos culinarios más importantes de mi toda mi mortal vida.
Por supuesto la ilustra la princesita Blancaflor famosa en todo el reino por su angelical cabello.
Todo empezó el dia en que me regalaron un extraño fruto con forma de calabaza, nada más y nada menos que una cidra. ¿Que podia hacer con él?, pués lo que se hace con las cidras, cabello de angel, ¿qué si no?.
He de decir que no soy golosa por lo tanto el hecho de hacer realidad este dulce era más curiosidad que otra cosa.
Hacer cabello de angel es muy gratificante sobre todo porque el primer paso de la receta es armarse con un martillo bien fuerte y liarse a martillazos con la cidra, pues creo que no hay otra forma de abrirla. Mientras se golpea hay que pensar en personas ó situaciones desagradables que hayan sido negativas en nuestra vida, de esta manera el mal karma queda apaciguado y la receta adquiere optimismo, muy importante cuando cocinamos dulces.
Después de este satisfactorio trabajo la pulpa queda totalmente separada de la cáscara y podemos ponerla a cocer en una olla con agua. ¿El tiempo?, pues hasta que te aburras.
Realmente el objetivo de esta cocción es desechar la carne y quedarnos solo con las hebras que hay en el fruto.
Cuando la pulpa esté blanda blandísima, se escurre bien, se deja enfriar para no escaldarnos .Y ahora viene otro paso de lo más curioso.
Hay que ir apretando con las manos para que los hilos se vayan soltando , sumergiendolos en un recipiente con agua fria para que queden sueltos.
Con agua , azucar y un poquito de zumo de limón hacer un almibar espeso, como dirian los entendidos a punto de hebra. Añadir el cabello de angel escurrido y dejarlo hervir, bajar el fuego y remover hasta que adquiera el color y la textura angelical. ¿El tiempo?, "a ojo", supongo que unos cuarenta minutos por decir algo.
Una vez que esté bien frio se puede envasar como cualquier otra conserva, poner una linda etiqueta y regalar solo a golosos empedernidos.